¿Cómo se organiza una expedición al Himalaya?

Desde que en 1953 Edmund Hillary y el sherpa Tenzing subieron por primera vez al Everest, se calcula que unas 2.000 personas han pisado la cumbre de la montaña más alta del mundo. Muchas lo han hecho por sus propios medios, solas y sin oxígeno; otras han contado con la ayuda de sherpas locales, que les ayudaban como guías y porteadores a gran altura; la mayoría lo han logrado formando parte de expediciones comerciales, que por unos 50.000 euros ponen a disposición de sus clientes las mejores equipaciones, recursos y comodidades para alcanzar el sueño de la cima.

Si bien sigue siendo cierto que no cualquiera está capacitado para subir al Everest -pese a usar oxígeno, la forma física es imprescindible- la abundancia de expediciones comerciales durante los últimos años han popularizado el mito de que subir a la montaña mas famosa de la Tierra es un juego de niños. Existe parte de verdad en que las condiciones en nuestros días han cambiado radicalmente: hoy, en el campo base del Everest se puede encontrar cobertura telefónica, existen tiendas de campaña con suelo de tarima flotante, y en las expediciones más caras, incluso se dispone de pantallas de plasma en HD para entretenimiento de los alpinistas. Junto a ello, el uso masivo de oxígeno minimiza el deterioro provocado por la altura extrema, lo que facilita la aclimatación y mejora la rentabilidad del esfuerzo.

No obstante, no es necesario contar con una cantidad astronómica de dinero para cumplir el sueño de subir uno de los 14 ochomiles que existen en el planeta. Simplemente con un teléfono y un poco de presupuesto, es posible organizar una expedición adaptada al bolsillo y a las condiciones físicas de cada cual. Especialmente en Nepal, donde las infraestructuras mejoran de temporada en temporada, existen agencias cuyo expertise consiste en organizar desde trekkings para jubilados hasta gestionar las expediciones de alpinistas profesionales.

En general, los gastos de un viaje al Himalaya comienzan con los permisos y licencias que se han de pagar al gobierno nepalí. Algo menos de 50 euros por persona en un trekking de varios días, unos 1.500 por superar el campo base de un ochomil. A eso hay que sumar los costes de manutención y alojamiento, que en temporada alta no superan los 40 euros diarios -cama y tres comidas- en los numerosos albergues que existen por todas partes.

Para las grandes cumbres, un alpinista en solitario puede costearse su sueño de llegar a la cima acompañado de un sherpa sin tener que hipotecarse para siempre. En estos casos, la ayuda de las agencias es obligatoria, pues son ellas quienes cuentan con los expertos y los materiales necesarios para lograrlo. Las más grandes -Thamserku, Seven Summit o Asian Trekking- cobran unos 6.000 euros por montañero, todo incluido, por una estancia total de unos dos meses. Eso incluye apoyo logístico y alimenticio, cocinero, tiendas de campaña en el campo base y sherpas hasta la cumbre. El vuelo desde el lugar de procedencia, el seguro de rescate y la comida y los materiales de altura se tienen que pagar aparte.

Según Tente Lagunilla, palentino con 3 ochomiles a sus espaldas, “lo mejor es intentar ir con un grupo de amigos que sabes que te van a ayudar a subir, aunque eso no siempre es posible. Normalmente, lo lógico es unirte a un grupo organizado, donde nadie se conoce especialemente y cada uno va con su sherpa. Así todos tienen la oportunidad de llegar a la cumbre”. No obstante, solo los clubes, las agrupaciones locales y los grandes entre los grandes -Juanito Oyarzabal, Edurne Pasaban, Carlos Soria- cuentan con expediciones propias. Lo habitual es que varios alpinistas se unan a traves de una agencia, compartan permisos, sherpas y aparato logístico, y se organicen en el campo base para aclimatarse antes de atacar la cumbre. Eso sí, en esos casos, en el momento de la verdad, todo depende de las fuerzas, la prudencia, y la suerte de cada uno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*